El término contrainsurgencia engloba al conjunto de operaciones militares, paramilitares, policiales, económicas, psicológicas y políticas llevadas a cabo por un gobierno constituido o una fuerza militar regular con el propósito específico de sofocar, neutralizar, derrotar y erradicar un movimiento insurgente o una rebelión armada interna. Esta estrategia integral no se limita exclusivamente al uso de la fuerza bélica en el terreno de combate, sino que a menudo abarca acciones destinadas a cortar las líneas de suministro logístico, desmantelar las redes de apoyo civil clandestino, deslegitimar la ideología de los rebeldes ante la opinión pública y restaurar la autoridad institucional del Estado mediante programas de desarrollo social y control territorial exhaustivo.