Vivir exclusivamente de los dividendos generados por una cartera de inversión es teóricamente posible, aunque requiere de una planificación financiera muy rigurosa, un capital inicial considerable, una alta disciplina de ahorro y un horizonte temporal a largo plazo. Esta estrategia consiste en acumular acciones de empresas sólidas, estables y con una política de retribución al accionista sostenida y creciente en el tiempo (conocidas como aristócratas del dividendo). Los flujos de caja periódicos obtenidos en concepto de reparto de beneficios deben ser suficientes para cubrir íntegramente el coste de vida anual del inversor sin necesidad de liquidar el principal invertido, protegiendo además el patrimonio frente a la inflación.