El precio objetivo de una acción es una estimación prospectiva y teórica elaborada por los analistas fundamentales y departamentos de estudios de los bancos de inversión, la cual proyecta el valor monetario que debería alcanzar dicho título en un horizonte temporal determinado, habitualmente de doce meses. Esta cifra no surge del azar, sino que se calcula mediante modelos financieros complejos de valoración, tales como el descuento de flujos de caja libres, la comparación de múltiplos sectoriales de PER y EBITDA, y las expectativas realistas de crecimiento de los beneficios empresariales. Si el precio objetivo fijado por el consenso del mercado se sitúa notablemente por encima de la cotización actual en pantalla, los analistas suelen emitir recomendaciones de compra, sugiriendo que la acción se encuentra infravalorada. Por el contrario, si el precio de mercado supera ampliamente el objetivo estimado, la recomendación suele virar hacia mantener o vender. No obstante, los inversores jamás deben interpretar el precio objetivo como una certeza matemática o una garantía absoluta, ya que está sujeto a constantes revisiones ante cambios macroeconómicos imprevistos.